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LA VISTA
El
examen visual asume un papel notable por cuanto el consumidor y el catador
le dedican una primera mirada.
Se valora la transparencia y el color, determinando este último
la tonalidad y la intensidad. También la fluidez, no condicionada
por la presencia de glicerina, sino por la riqueza alcohólica,
aunque no tiene un gran peso.
La transparencia
El aguardiente debe ser perfectamente transparente. En el vocabulario
de la degustación se usan los términos brillante, cristalino,
muy limpio. Cuando esta virtud disminuye por la presencia de partículas,
los adjetivos usados en escala descendente son: limpio, claro, velado,
opalescente, lechoso, turbio.
El color: tonalidad e intensidad
El aguardiente de orujo vendrá definido como incoloro o blanco,
aunque este último término es impropio. Todos los aguardientes
nacen incoloros y es el hombre quien los viste de distintos colores.
Los aguardientes de orujo jóvenes son incoloros; los envejecidos
tienen una tonalidad que varía desde el pajizo hasta el ámbar
cargado.
EL OLFATO
Es el sentido más importante para enjuiciar un aguardiente de
orujo.
La fuerte concentración de alcohol etílico hace más
volátiles ciertas sustancias y permite al olfato trabajar con
sensaciones amplificadas respecto a las encontrables en el vino y otras
bebidas fermentadas. Pero paralelamente, con la complicidad de otras
sustancias punzantes, el alcohol etílico provoca una agresión
fuerte sobre los sensores olfativos.
Análisis olfativo y retroolfativo
El examen olfativo comprende dos fases distintas de igual importancia.
En la primera las sustancias olorosas llegan a la mucosa olfativa
por vía nasal directa. La segunda se produce cuando se degusta
el aguardiente de orujo, o sea, por vía retronasal. El alcohol
por vía retronasal es menos molesto y permite evidenciar la
armonía y la amplitud del bouquet de un aguardiente.
Aromas
Primarios: procedentes de la variedad de uva. Variedades de uvas
aromáticas darán lugar a aguardientes de orujo aromáticos.
Secundarios: procedentes de la fermentación de los azúcares
en alcohol por acción de las levaduras. También se
incluyen algunas sustancias que se forman durante la destilación.
Los orujos jóvenes que no proceden de variedades de fruto
aromático son orujos con aromas secundarios principalmente.
Terciarios: son los formados durante la permanencia del aguardiente
en envases de madera, con la creación de nuevos compuestos
(ésteres) y el enriquecimiento del destilado con las sustancias
olorosas extraídas de la madera.
Cuaternarios: debidos a la aromatización del aguardiente
de orujo. Predominan las sustancias olorosas aportadas por el vegetal
o vegetales sobre las propias del aguardiente.
El aroma del aguardiente de orujo puede describirse haciendo referencia
a sensaciones percibidas durante la vida cotidiana producidas por sujetos
con un olor definido: frutas, disolventes, humo, jabón, etc.,
o en situaciones particulares: el monte, el aire después de un
temporal, etc.
Es necesario reconocer en primer lugar los defectos y después
las sensaciones de buena calidad.
Entre los defectos podemos señalar:
Mohos:
provenientes de orujos en los que se han desarrollado hongos, o de
instalaciones en mal estado higiénico.
Ácido: cuando en los orujos se han desarrollado bacterias acidificantes.
Pero también ha podido haber una mala destilación con
una equivocada separación de cabezas. Entre las sustancias
que provocan este defecto se encuentran el acetato de etilo y el acetaldehido.
Huevos podridos: cuando en la fermentación de orujos se producen
anhídrido sulfuroso y mercaptanos.
Humo y quemado: anomalía frecuente en aparatos discontinuos
de fuego directo, en los que se produce un sobrecalentamiento de los
orujos con formación de furfurol.
Cabrón: cuando los azúcares de los orujos sufren fermentaciones
con formación de ácido butírico y butirato de
etilo.
Cera, sebo, sudor: debidos a mala conservación de los orujos
y a la destilación mal realizada.
Entre las sensaciones de calidad:
Hierba: sensación debida al aldehido acético y al acetal.
Se forman durante la conservación de los orujos.
Manzana, plátano, fresa: agradables olores afrutados aportados
por ésteres acéticos: propionato, butirato y caprionato
de etilo.
Frutas exóticas: olor debido a la presencia de los ésteres
etílicos de los ácidos capróncio, caprílico
y cáprico.
Avellana: olor a cuya composición contribuye el hexanol.
Jacinto: debido a la presencia de fenilacetaldeido.
Rosa: debido a la presencia de acetato de feniletilo.
Parámetros de valoración del
aroma
En el aguardiente de orujo valoramos sensaciones percibidas por vía
nasal directa y elementos que llegan por vía retronasal. El aroma
se valora según los siguientes parámetros:
Intensidad: valoración de la cantidad de aroma sin preocuparse
de su calidad.
Finura: es el parámetro que
exige juicio sobre la calidad de las sensaciones.
Franqueza: con este parámetro
se juzga el grado de limpieza de las sensaciones percibidas.
Fragancia: es el parámetro
utilizado para valorar la complejidad, la armonía y lo completo
del bouquet. En la valoración de la fragancia no se consideran
sensaciones negativas.
Persistencia: es otro parámetro
cuantitativo; indica el tiempo de percepción de sensaciones
olfativas debidas al aguardiente después de su degustación.
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