Logo
Orujo de Galicia - Denominación Específica Xunta de Galicia

La cata

LA VISTA

El examen visual asume un papel notable por cuanto el consumidor y el catador le dedican una primera mirada.

Se valora la transparencia y el color, determinando este último la tonalidad y la intensidad. También la fluidez, no condicionada por la presencia de glicerina, sino por la riqueza alcohólica, aunque no tiene un gran peso.

La transparencia
El aguardiente debe ser perfectamente transparente. En el vocabulario de la degustación se usan los términos brillante, cristalino, muy limpio. Cuando esta virtud disminuye por la presencia de partículas, los adjetivos usados en escala descendente son: limpio, claro, velado, opalescente, lechoso, turbio.

El color: tonalidad e intensidad
El aguardiente de orujo vendrá definido como incoloro o blanco, aunque este último término es impropio. Todos los aguardientes nacen incoloros y es el hombre quien los viste de distintos colores.

Los aguardientes de orujo jóvenes son incoloros; los envejecidos tienen una tonalidad que varía desde el pajizo hasta el ámbar cargado.

 

EL OLFATO

Es el sentido más importante para enjuiciar un aguardiente de orujo.

La fuerte concentración de alcohol etílico hace más volátiles ciertas sustancias y permite al olfato trabajar con sensaciones amplificadas respecto a las encontrables en el vino y otras bebidas fermentadas. Pero paralelamente, con la complicidad de otras sustancias punzantes, el alcohol etílico provoca una agresión fuerte sobre los sensores olfativos.

Análisis olfativo y retroolfativo
El examen olfativo comprende dos fases distintas de igual importancia. En la primera las sustancias olorosas llegan a la mucosa olfativa por vía nasal directa. La segunda se produce cuando se degusta el aguardiente de orujo, o sea, por vía retronasal. El alcohol por vía retronasal es menos molesto y permite evidenciar la armonía y la amplitud del bouquet de un aguardiente.

Aromas

Primarios: procedentes de la variedad de uva. Variedades de uvas aromáticas darán lugar a aguardientes de orujo aromáticos.

Secundarios: procedentes de la fermentación de los azúcares en alcohol por acción de las levaduras. También se incluyen algunas sustancias que se forman durante la destilación. Los orujos jóvenes que no proceden de variedades de fruto aromático son orujos con aromas secundarios principalmente.

Terciarios: son los formados durante la permanencia del aguardiente en envases de madera, con la creación de nuevos compuestos (ésteres) y el enriquecimiento del destilado con las sustancias olorosas extraídas de la madera.

Cuaternarios: debidos a la aromatización del aguardiente de orujo. Predominan las sustancias olorosas aportadas por el vegetal o vegetales sobre las propias del aguardiente.

El aroma del aguardiente de orujo puede describirse haciendo referencia a sensaciones percibidas durante la vida cotidiana producidas por sujetos con un olor definido: frutas, disolventes, humo, jabón, etc., o en situaciones particulares: el monte, el aire después de un temporal, etc.

Es necesario reconocer en primer lugar los defectos y después las sensaciones de buena calidad.

 

Entre los defectos podemos señalar:

Mohos: provenientes de orujos en los que se han desarrollado hongos, o de instalaciones en mal estado higiénico.

Ácido: cuando en los orujos se han desarrollado bacterias acidificantes. Pero también ha podido haber una mala destilación con una equivocada separación de cabezas. Entre las sustancias que provocan este defecto se encuentran el acetato de etilo y el acetaldehido.

Huevos podridos: cuando en la fermentación de orujos se producen anhídrido sulfuroso y mercaptanos.

Humo y quemado: anomalía frecuente en aparatos discontinuos de fuego directo, en los que se produce un sobrecalentamiento de los orujos con formación de furfurol.

Cabrón: cuando los azúcares de los orujos sufren fermentaciones con formación de ácido butírico y butirato de etilo.

Cera, sebo, sudor: debidos a mala conservación de los orujos y a la destilación mal realizada.

 

Entre las sensaciones de calidad:

Hierba: sensación debida al aldehido acético y al acetal. Se forman durante la conservación de los orujos.

Manzana, plátano, fresa: agradables olores afrutados aportados por ésteres acéticos: propionato, butirato y caprionato de etilo.

Frutas exóticas: olor debido a la presencia de los ésteres etílicos de los ácidos capróncio, caprílico y cáprico.

Avellana: olor a cuya composición contribuye el hexanol.

Jacinto: debido a la presencia de fenilacetaldeido.

Rosa: debido a la presencia de acetato de feniletilo.

 

Parámetros de valoración del aroma

En el aguardiente de orujo valoramos sensaciones percibidas por vía nasal directa y elementos que llegan por vía retronasal. El aroma se valora según los siguientes parámetros:

Intensidad: valoración de la cantidad de aroma sin preocuparse de su calidad.

Finura: es el parámetro que exige juicio sobre la calidad de las sensaciones.

Franqueza: con este parámetro se juzga el grado de limpieza de las sensaciones percibidas.

Fragancia: es el parámetro utilizado para valorar la complejidad, la armonía y lo completo del bouquet. En la valoración de la fragancia no se consideran sensaciones negativas.

Persistencia: es otro parámetro cuantitativo; indica el tiempo de percepción de sensaciones olfativas debidas al aguardiente después de su degustación.

1 2 | Siguiente

 

Pazo de Quián , s/nº - Sergude 15881 Boqueixón - A Coruña. Tel: 981 511 566 - Fax: 981 511 934